Antes que el tiempo fuera tiempo, estaba Deberio, una luz eterna y compasiva, quien crearía al universo y a los seres celestiales que ahora protegen a los mortales.
En algún momento indeterminable, El Creativo les revelaría a sus hijos que ya era hora de expandir su amor, hora de crear más vida.
Explicándolo de forma entendible podría decirse que tomó así gran porción de la más fina masa para pan, la colocó sobre la gran mesa de los banquetes, y empezó a amasar los relieves del nuevo mundo, dando a luz a las montañas, macizos, cordilleras y sierras, depositó su creación en El Pedestal del Amparo, y llamó a sus hijos mayores Ashael y Nesael, y les encargó la tarea de proveer al “Heim” de agua.
Fueren entonces los Celestes al Heim. Nesael, con su dedo índice (minucioso y preciso), ahormó los ríos, arroyos y lagos; mientras que Ashael, con su mano (farragosa y bruta), moldeó los océanos y mares, separando al Heim en tres grandes continentes. Separando al futuro hogar de los humanos.
Nesael trató de corregirlo, pero Ashael lo tomó como un insulto, una burla a su trabajo y retaría a su hermano a un duelo.
La preparación fue dura y sosiega, en la mesa ni una palabra fue dicha, todos ya sabían que ocurriría, una vez acabada la cena, ambos hermanos fueron al Heim, en busca del fin del otro.
Los choques de las espadas eran poderosos rayos, sus pisadas creaban depresiones, choque tras choque, sus empíreas armaduras se fueron dañando, y con un ataque fulminante de Ashael, su hermano cayó muerto sobre la tierra que el tiempo convertiría en Shacria, rompiendo el continente en pedazos, convirtiéndose en un enorme archipiélago; la forma física de Nesael fue destrozada, encerrando su espíritu en el Heim y dejando su sangre en el río más caudaloso del gran archipiélago (quedando completamente rojo).
Tras dicho suceso, Los Altos Divinos condenaron a Ashael a hundirse en las profundidades, con una armadura imposiblede retirar, siendo custodiado por su hermano Neptael.
Y al fin El Creativo hizo al hombre, de la madera del Árbol Sagrado, y creó una gran vela (de flama naranja) que produciría al día y así creó otra más pequeña (de flama blanca) que aguantaría lo que tardaría en regenerarse la Vela del Día dando comienzo a una era dorada para el hombre, sin embargo este debía evitar ser tentados por los secretos que susurraba Ashael, puesto que sus planos estaban y están lejos de terminar.
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