Mi nombre es Valkamorrisqueperg, pero pueden llamarme Valk. Desde hace siglos mi familia ha servido a los Vlarsen, una estirpe de vampiros muy tradicionalistas.
Pero todo cambiaría el día en que llegó esa rata de alas ficticias conocida como Lord Marquer. Con solo pensarlo siento un poderoso escalofrío, ese hombre es perverso y no en el buen sentido. Todavía recuerdo la primera impresión que tuve de él. Había llegado al castillo caminando como un chimpancé desequilibrado, era un hombre alto, de pelo rubio y de piel pálida, estaba vestido con una túnica inmunda de color bordó, y se notaba que había bebido alcohol de baja calidad. Lo deduje debido a que estaba enlazado a dos mujeres horrendas, semejantes a una verruga en el pie. Me acerqué a él instantáneamente, pero fui repelido por su aliento pestilente, una extraña mezcla de pegamento y cebolla tan asquerosa que fui obligado a refugiarme en uno de los aposentos del castillo toda la noche, me puse a pensar, menos mal que olía a cebollas y no a ajos, de otro modo él estaría perdido .
Nadie sería capaz de imaginar que era descendiente directo del Conde Zalmer IV, un vampiro elegante, educado, con un fino gusto por los vinos, a pesar de que en este punto, algunos pensaban que era un maldito borracho, pero... mejor no entrar en detalles.
Lord Marquer tenía la costumbre de trasnochar peligrosamente hasta casi el amanecer y todos saben que los vampiros y el sol no son buenos amigos.
Si por lo menos las horas que pasaba fuera del castillo trabajara para aumentar los ingresos del banco de sangre familiar, sería aceptable, pero el muy inconsciente iba de casino en casino apostando y perdiendo en cada apuesta las mejores joyas de la familia.
Y no me hagan hablar de sus colmillos, desde el Renacimiento que no visita al dentista.
A pesar de que ya estaba en edad de formar una familia que asegurara la continuidad de la estirpe de los Vlarsen, él cambiaba de vampiresa cada fin de semana.
Se me ocurrió hacer apuestas acerca de cuál sería la siguiente desafortunada, pero luego me acordé que no tengo amigos con quien apostar, así cancelé el plan.
Esta situación me ponía tan nervioso que comencé a beber alguna que otra copa, perfectamente justificada ya que necesitaba relajarme.
Una noche después de limpiar los ataúdes que le daban calidez al hogar, había recibido la invitación de Lord Marquer para acompañarlo a una fiesta.
Acepté de mala gana porque quería conocer los lugares que él visitaba todas las noches, aunque personalmente preferiría ordenar todas las habitaciones del castillo que era mi actividad favorita.
Una vez en la fiesta noté que sobraba alcohol y faltaba decencia. Los bocadillos estaban infestados por el pelo de los licántropos, la momia se desenvolvió bailando dejando ver sus huesos y el monstruo de Frankenstein fue usado como antena de Wi-Fi. Era un desastre.
Más tarde, Lord Marquer me invitó una copa de sus extrañas bebidas alcohólicas. No recuerdo bien lo que pasó después, solo recuerdo que no fue la última noche. Son incontables las fiestas a las que hemos ido desde entonces y los casinos en los cuales hemos apostado. Y saben una cosa, no me arrepiento.
Curiosidades:
Este cuento fue escrito para el parcial final de Idioma Español y logró sacarse un 12.
No hay comentarios:
Publicar un comentario