La ruidos de la cueva.

En memoria de Mario Lettieri, espero que puedas leer esto donde quiera que estés.

Hace ya un tiempo, en una pequeña cantina cerca de un poblado en el país de Mavriam, dos aventureros se encontraban sentados, bebiendo cerveza, mientras eran absorbidos por el cálido clima del lugar.                                                                                                                  El trotamundos más bajo era un hombre de barba, llevaba una armadura de cota de malla con un peto sobrepuesto, su cabeza cargaba con un sombrero puntiagudo que recordaba a una especie hechicero o brujo. El hombre que lo acompañaba, era bastante alto y de piel oscura, tenía la cara y las extremidades vendadas, su pecho y espalda se encontraban protegidos por una simple pechera de cuero adornada por anillos de metal y su cintura estaba rodeada por un cinturón  de seda rojo maltratado.                          
No tenían planeado nada, solo querrían pasar una noche en el relajante mundo del alcohol. Sin embargo terminarían por voltear su atención a un lado de la barra, donde se generó una conversación entre el cantinero y un aldeano que acababa de llegar.
-¡Te digo que lo vi!- Afirmó el aldeano.
-¡Ya le he dicho que es imposible! ¿Por qué no se pone a trabajar en vez de contar historias sin sentido? Ya van cinco esta semana- Respondió el cantinero de mala manera.
-Hay algo oscuro ahí- Insistió el pueblerino- Debe ser un espíritu maligno-
En ese momento el aventurero del sombrero se acercó a los dos hombres y con una gran seguridad les explicó:
-Disculpen mi intervención pero… ¿Están hablando de un espíritu? Porque, yo Alejandro Gladio y mi amigo, Kazim somos unos expertos en todo tipo de asuntos paranormales.  
-¿Cómo cuáles?- Preguntó el aldeano con cierto desconcierto.
-De todo tipo, ¿Sabías quién era Grendel? No importa porque ya lo reduje a cenizas. Ashur siempre revisa debajo de su cama para asegurarse de que no estoy ahí.
-¿Así que cazas monstruos, eh? A ver, cuéntanos una historia más detallada, para comprobar que no mientes- Lo retó el cantinero
-Será un placer- Entonces el aventurero empezó a narrar tranquilamente -Todo ocurrió en Riachuelo Roto, justo antes del famoso incidente. Era de noche, ya había recolectando leña para el invierno y estaba listo para volver a la ciudad, pero cuando finalmente había llegado a mi destino me di cuenta… ¡De que ésta había sido destruida!  ¡Todo en ella se encontraba en llamas, no había ninguna edificación en pie! Inmediatamente después de eso, escuché un aullido siniestro, rápidamente me volteo, cosa que me permitió ver al causante de todo esto. Se trataba de criatura mortal más malvada de todas ¡La Loba Blanca! Inmediatamente me abalancé sobre ella con una gran ira en mi corazón y con antojos de venganza. Mis puños eran letales, pero su instinto cobarde le obligo a hacer trampa y liberó su aliento de la muerte…
-Un momento, estabas venciendo a una Loba Blanca a puños- Preguntó el cantinero, un poco confundido.
-¡No interrumpas!- Ordenó Alejandro y continuó con su historia-Sentí como se me escapaba el alma mientras que mi cuerpo se marchitaba lentamente, todo indicaba que era mi fin, ¡Pero de repente el poderoso Deberio interrumpió la escena!
-¿Cómo lo reconociste?- Pregunto él cantinero, al no encontrar sentido en las palabras del trotamundos.
-Es que ya nos conocíamos- Explicó Gladio, para luego volver a la narración-Entonces me dijo que yo había sido elegido por él, para proteger a todo ser bueno e       indefenso-Luego de contar eso, el viajero le sonrió a la camarera que estaba al lado suyo-Como tú preciosa- Ella se retiró, ofendida por su comentario–Ya volverá- Aseguró el señor Gladio un poco molesto, mientras que el cantinero soltó una risa, burlándose del coqueteo fallido-Volviendo a mí historia… El dios me dio un poder el cuál evitó que el hálito de la criatura acabara con mi vida, lo que provoco que la loba saliera corriendo de miedo, sin embargo no la dejaría escapar, así que tomé una de las tantas rocas que se encontraban en el piso y la lancé hacia el monstruo y gracias a mis dotes divinos, esa piedra le atravesó el pecho matando a la bestia. Pero mi trabajo no había terminado, debía acabar con todos esos monstruos que se encargan de hacer miserables a los demás, como los Herreros Luchadores de Da Forge, pero más efectivo, así que empecé a viajar por el mundo, asesinando a toda criatura malvada que me encontrara. En uno de mis viajes a la desértica Shacria me encontré con un miembro de la legendaria Guardia de los sin Rostros herido y supe que tenía que curarlo con los conocimientos mágicos que había obtenido, cuando terminé el proceso, el guardia me  juró lealtad y me acompaña en mis viajes desde entonces- Alejandro miró fijamente al cantinero y le preguntó, luego de finalizar con su historia -¿Ahora estás convencido?
-¿Estás bromeando?- Preguntó el cantinero-¡Es la historia más estúpida que oí en mí vida! ¡Tiene más errores que la comida de mi esposa!
-Yo le creo- Afirmó Kazim, el cual se les había acercado en ese instante.                                 Los tres hombres restantes lo miraron al unísono, extrañados, lo que produjo un momento incómodo.
-Si no mientes, podrías encargarte de la criatura que nos asecha- sugirió el aldeano, rompiendo con el silencio.
-¡Por supuesto que no miento!-Exclamó Alejandro levantándose de su silla-¿Y dónde notó esa presencia?
-¿Tienes un mapa?-preguntó el pueblerino
-¡Pero claro!- dijo Alejandro mientras se lo entregaba.
El aldeano miro el mapa por unos minutos y señaló:
-Sí, definitivamente, no sé cómo se leen estas cosas- antes de arrojar el mapa como si fuera basura e irritar al shacrio.
-Mira, los ruidos se pueden escuchar en la cueva en frente del cruce.
Inmediatamente después, los dos aventureros le dieron las gracias al hombre y antes de retirarse del lugar, Alejandro dijo:
-Traeré la cabeza de lo que sea que lo esté atormentando antes del amanecer.
-Tal vez podríamos pedir ayuda a algún guardia- Le menciono su amigo.
-No es necesario, yo lo hago el triple de bien que esos idiotas.
-No sabes lo que pagaría por ver a esos dos zoquetes desperdiciando una noche buscando a un espíritu imaginario-Confesó el cantinero en forma de burla justo después de que ambos hombres se fueran de la cantina con sus caballos.
Una vez llegaron se escondieron en el oscuro bosque, detrás de unos arbustos de hojas naranjas esperando que algo pasara (un ruido, una aparición, cualquier cosa serviría).
Mientras pasaba el tiempo, Alejandro se percató de que su compañero estaba salpicando de polvos a su propia cimitarra y extrañado, el hombre de barba le pregunto.
-¿Por qué estás haciendo eso?
-Es para poder dañar a los espíritus malignos ¿Quieres un poco?
-No gracias, no confío en esas costumbres extrañas de los “Ásperos” ¿Por qué unos polvos te permitirían matar espíritus?
 -No deberías burlarte de esas cosas, los espíritus están al tanto de lo que dices- Le contó Kazim, algo ofendido.
-Si claro, como no- Le respondió Alejandro en forma de burla, para después fijar su atención en una de las bolsas que habitualmente llevaban en sus viajes y le preguntó a su compañero.
-¿Quedó algo que podamos comer?
En ese momento el semblante vendado de Kazim cambió de uno enojado a uno de arrepentimiento. 
-No, me los acabé en el camino.
-¿Hasta los panecillos rellenos? ¡Sabes que tengo sueños con ellos!
-Mis condolencias, te acompaño en la tristeza- Le dijo Kazim y procedió dándole golpecitos en la espalda.
-Tu arrepentimiento es muy valioso para mí- De repente, un gran estruendo interrumpió la conversación- ¡Serás ingrato! ¿¡Aún tienes hambre!?
-¡Esta vez no fui yo!- Aclaró Kazim- Debió venir de la cueva          .
-Eso dicen todos, pero voy a verificarlo por las dudas- Dijo Alejandro tratando de tapar su error- Debo estar elegante y preparado- Y sin dudarlo, procedió a  colocarse una hombrera de escamas y una capa de piel que sacó de su mochila.
Kazim no le prestó mucha atención, por culpa del miedo que le producía pensar en la cueva y prendió una antorcha con un poco de sus polvos místicos, para poder atravesar la penumbra y al instante de haber entrado percibieron el extraño ambiente de la cueva, estaba helado y aún oscuro, se podía distinguir un fétido olor al final del pasaje.
Kazim podía sentir su corazón latir a una gran velocidad, sus pasos se iban acortando  mientras más avanzaba, como para llegar lo más lento posible a lo que parecía ser final de la cueva, intentando desesperadamente que ese momento nunca llegue. En  cambio su amigo, Alejandro se encontraba muy emocionado, se detenía a ver las grandes estalagmitas y a analizar a los insectos en busca de algo paranormal en ellos, al contrario de su compañero, él no podía esperar para llegar al final, quería tener una aventura épica y que todos hablen de él por ello, eso siempre había sido su mayor ambición. Pero para su desgracia su alegría desaparecería al llegar al final de la gruta, no había ningún espíritu que aterrara a Kazim, ni una bestia que Alejandro podría matar, lo único apreciable era una solitaria e insulsa pared.
El shacrio respiraba aliviado, pero Alejandro se limitó a observar el muro con una gran decepción.
-¡El estúpido cantinero tenía razón!- Terminaría exclamando para luego recostarse en una roca, dejándose deslizar por esta hasta llegar al suelo en forma de lamentación para luego empezar a maldecir entre balbuceos.
Kazim, ahora calmado, se acercó a él y trato de levantarle el ánimo.
-Mira el lado bueno, al menos no arriesgamos nuestra vida en una peligrosa expedición.
Alejandro se levantó pero no gracias a las palabras de apoyo de su amigo, él no les encontraba significado, solo lo hizo para volver a quejarse:
-Cuanto más tendré viajar para conseguir un poco de fama- Entonces levantó los brazos y procedió a gritar-¡Me lleva la…!
En ese momento, quizás por la ira o porque su amada cerveza había nublado su juicio, Alejandro desplomó la pared de piedra con una poderosa patada, cosa que le permitiría descubrir boquiabierto el hecho de que él y su amigo no habían terminado de recorrer el lugar. Detrás de la pared una enorme y delgada torre se había hecho visible. Esta tenía un camino empinado hacia ella, resguardado por unos cuantos seres que, por sus armaduras, aparentaban ser toscos soldados los cuales permanecían tiesos en posición de guardia.
Por un momento, la sorpresa había pausado la escena, era necesario asimilar lo que acababa de ocurrir. Tendrían que pasar unos segundos para que el movimiento volviera a producirse, cuando Alejandro, sin poder contener su emoción, saltó en dirección al peligro, la distancia entre su posición y el suelo no era muy corta, pero aun así se las arregló para escurrirse suavemente entre unas rocas hasta tocar el piso.
Aquellos seres se abalanzaron casi inmediatamente después del descenso del viajero, pero este no podía parar de correr, quería llegar a la cima de la lúgubre torre a toda costa, tal vez habría un inmenso tesoro, o una damisela a la que rescatar, la gloria lo llamaba. 
Sin embargo enlentecería su paso a la mitad del camino, Cuando logro divisar vagamente a uno de los soldados, el cual se había frenado al encontrarse a un par de metros del aventurero y este alzaría su mandoble, mientras su objetivo todavía se encontraba corriendo para intentar declarar un ataque, pero el señor Gladio apartaría a su agresor gracias a un fuerte golpe con el antebrazo que lo terminó derribando por culpa su pesado armamento, produciendo un desagradable sonido similar a unos huesos rompiéndose. Alejandro prosiguió dejando al soldado atrás. Debería estar feliz pero una nueva sensación había invadido a su cuerpo, era como si se hubiera olvidado de algo
-¡Kazim!
 Exclamó en voz alta y se dio la vuelta, preocupado.
El camino fue sencillo, definitivamente era más fácil bajar que subir, aun así el tiempo fue suficiente para dejar fluir la imaginación dentro de la cabeza del aventurero. De ella salían ideas como « ¿Fue secuestrado? » « ¿Está muerto? » Y la peor posibilidad de todas « ¿Se escapó para llevarse a aquella sensual camarera? » Pero cuando finalmente llegó al punto de partida no había indicio de que alguna de sus ideas resultaran ser verdaderas. Solo se había quedado en frente de los restos de la pared, todavía sin poder moverse.
Alejandro, ahora más molesto que otra cosa, empezaría a hacer distintas señas para que su amigo bajará, pero este le respondería con gestos simbolizando una respuesta negativa.
-¡¿Por qué no bajas?!- Le preguntó el señor Gladio-¡¿No te das cuenta que estos idiotas dan más risa qué miedo?!
Kazim, al no poder expresarse por culpa de la impresión, se limitó a señalar detrás de su compañero y este se volteó para poder ver a uno de esos soldados en frente de su cara, para darse cuenta que no se enfrentaba a simples guerreros. Su enemigo carecía en su totalidad de labios y de nariz, estaba casi totalmente desnutrido con rasgos cadavéricos, sus cuencas estaban vacías pero desprendían un nítido brillo que recordaba a los destellos producidos por la torre, por último se encontraba equipado con casco ornamentado por unos cuernos de canero que le daban un aspecto casi demoníaco, unas hombreras algo chatas adornadas con filas de dientes de distintos carnívoros, su peto de hierro con varios cortes en él; el cual protegía sus descubiertos brazos y para terminar; en la parte inferior de su cuerpo llevaba un pantalón desgarrado y unas botas de hierro algo oxidadas.
Aterrado y sorprendido al mismo tiempo, Alejandro lanzó un golpe a la criatura que ahora se encontraba al frente de él, pero la bestia demostró tener grandes reflejos al poder atrapar el puño del aventurero antes de que este siquiera lo tocara, para luego doblarle la muñeca, cosa que lo dejaría neutralizado, cosa que provocaría que el aventurero cerrara los ojos por la impresión y empezara a emitir leves quejidos de dolor. Al reaccionar y en defensa de su amigo, Kazim sacó su cimitarra para interrumpir la tortura desgarrando el ya maltratado oblicuo externo del muerto, lo que provocó que este cayera al piso arrodillado y en ese momento, Alejandro, hambriento de una dulce venganza, recuperó su postura y acto seguido pateó la mandíbula de aquel ser con tal fuerza que esta salió volando por los aires.
-¡Van dos! Gracias amigo- Dijo Alejandro disfrutando de su revancha.
-Agradécele a mis polvos místicos- Aclaró Kazim, mientras trataba de no mirar al cuerpo mutilado.
Alejandro se limitó a revolear sus ojos en forma de queja y empezaron a avanzar hacia la torre sin tener que decir nada; recién ahí notaron un clima mucho más frío que el del túnel, y mientras más avanzaban, el ambiente iba empeorando.
Finalmente, luego de un revoltoso camino, llegaron a lo que parecía ser la entrada a la torre, se encontraron con una gran escalera de caracol que tuvieron que subir para saber qué producía aquel brillo cada vez más potente, pero al llegar al último escalón donde los sorprendió una silueta encapuchada, esta que sostenía una runa tallada en una piedra de la cual desprendieron destellos azules que inmovilizaron a nuestros héroes en el mismo instante en donde tuvieron contacto con ellos, perdiendo el equilibrio, la capacidad de sentir el ambiente y cayendo al duro piso en lo alto de la estructura.
-¡Odio esas malditas piedras mágicas del norte!- Se quejó Kazim.
-¿Qué?- Dijo aquella figura sin entender del todo la protesta.
-Ignora a mi ignorante amigo- Intervino Alejandro- ¿Qué es lo que planeas?
El encapuchado se apartó, dejando ver a unas personas conformando un círculo, llevaban cráneos de venados como máscaras haciendo un ritual, sus manos alzadas sostenían piedras con runas, similares a la del hombre que los paralizó, estas desprendían luces de color morado en dirección a un altar que había en medio de esos misteriosos hombres, y sobre este se situaba una amalgama de huesos encadenada que lentamente parecía tomar la forma de una especie de bestia.                                                                       Luego de observar detenidamente Kazim había quedado totalmente intimidado por la escena, pero Alejandro no se quitó la cara de duda y le dijo a aquel hombre:
-Sigo sin entender, ¿Qué están haciendo?
El encapuchado tapó su cara con su mano, en señal de decepción, y dejó escapar un suspiro para después comentar.
-Pensé que los impactaría más contemplar la creación de un dragón.
Inmediatamente después de que el hombre terminara su frase, Kazim cambió a una expresión de duda y preguntó:
-¿Qué es un dragón?
-Parece que tendré que empezar por el principio.- dijo el encapuchado
-No, no tienes.- exclamó Alejandro con un poco de enojo.
-Sí, si tengo: verán, en mitad de la guerra civil entre el Imperio Augur y la Unión Pretoriana. El líder del primer bando, el Gran Augur Lucio I, le mandó a su alquimista personal encontrar la forma de revivir a los grifones en menos de un mes o le cortaría personalmente el cuello, argumentando que las criaturas eran necesarias para obtener la victoria y aplastar al enemigo. Sorprendentemente, el hombre volvería a los pocos días con un método que cumpliría con la voluntad del soberano. Ya lo tenía todo, excepto el cadáver de un grifón, cosa que el emperador le entregó sin pensárselo dos veces, el procesó parecía funcionar, la criatura estaba tomando forma y llegaría a respirar, pero mientras pasaban los minutos daba la impresión de que la criatura empezaba a desarrollar rasgos similares a los de un reptil, en vez de las características clásicas de aquel ser y empezó a moverse violentamente. Los soldados trataron de detener el ritual ya era demasiado tarde y el ahora dragón salió violentamente del lugar para no volver a ser visto. Se dice que este no fue el único caso, pero hasta ahora no hay forma de demostrar lo contrario.
En fin, al terminar la guerra, con la victoria de los Pretorianos, aquella técnica permaneció escondida hasta que el gremio de nigromantes encontró el diario de aquél alquimista, el cual contenía todos los detalles del procedimiento y como hace un tiempo que encontramos el cuerpo de un grifón, decidimos realizar el ritual.
Los dos hombres paralizados se quedaron en silencio por un breve momento, hasta que Kazim le preguntó al nigromante:
-¿Qué es un prateriano?
El brujo cerró su puño con ira al escuchar aquella duda, y más aún por la risa que emitió Alejandro, pero antes de que pudiera hacer algo fue interrumpido por un estruendoso rugido, y al voltearse no pudo contener su emoción, resulta que el ritual había sido completado, la luz de la torre ya se había extinguido, ahora la única fuente de luz visible eran los ojos morados y profundos de aquella terrible criatura. Su piel se había cubierto totalmente de escamas, tenía dos musculosas patas traseras con garras en sus dedos. Sus alas eran gigantes, similares a las de un murciélago, se podía apreciar casi toda su estructura ósea, estas comenzaban por encima de sus hombros y estaban unidas a sus delgados brazos los cuales también tenían sus propias zarpas. De sus codos y talones sobresalían unos huesos en forma de punta, los cuales podrían intimidar a cualquiera. Su cola era larga y cubierta de espinas, con la capacidad para atacar a una multitud. Encima de su cabeza, se posicionaban dos cuernos curvados, uno más grande que el otro. Debajo de su mandíbula colgaban unos picos revestidos de escamas. Se encontraba en un estado palpitante, sus movimientos eran realizados con bastante agresividad, tratando de romper sus metálicas ataduras.
Aquél hombre dedicado a la magia oscura, alzó las manos después de su breve observación y empezó a exclamar palabras para poder expresar la alegría de alterar las reglas de la naturaleza, como cualquier nigromante de profesión, sin embargo este movimiento suyo le jugaría en su contra. Su forma de moverse, rápida y constante alteraría negativamente a la criatura que tenía en frente. Esta, con todas sus fuerzas rompió la cadena que sostenían uno de sus brazos y desgarró parte de las vestiduras del hombre con un ágil ataque, lo que provoco que perdiera su postura y soltara la runa que tenía atrapados a los dos aventureros, la cual cayo hasta impactar contra el suelo de la cueva, lo que la dejó destrozada e inutilizable. El brujo había notado su error, pero ya era muy tarde como para hacer algo, así que inmediatamente ordenó al resto de nigromantes que se retiraran de ahí antes de que perdieran sus propias vidas.         Sin problemas, esquivaron a nuestros héroes que aún no podían moverse y bajaron desesperados y a empujones por las escaleras, uno de los sinvergüenzas se atrevió a patearlos con tal de escapar de la situación.
El dragón seguía tirando de las cadenas que le quedaban, los viajeros estaban cada vez más nerviosos, la escena pondría tenso a cualquiera.                                                     Kazim nunca había visto a Alejandro tan asustado, se notaba en sus ojos, que estaban bien abiertos y mirando agitadamente a todas partes, quería salir de ahí a toda costa. Parecía que la cabeza del dragón se les acercaba más y más, cosa que les obligaba a mantener su atención en la bestia. Inesperadamente para ellos, volvieron a sentir repentinamente el frío ambiente de la gruta, pero no fue hasta que el dragón destrozó la cadena, que contenía a su otro brazo, que los aventureros recuperaron su movilidad, tan pronto como Kazim se dio cuenta de esto, salió disparado hacia las escaleras seguido por Alejandro. La bajada de la torre parecía más larga y estrecha que antes, aun así lograron estar a punto de hacer contacto con el suelo, pero en ese momento oirían un terrible rugido que venía de arriba, seguido por el sonido de unas cadenas rompiéndose. Entonces, Alejandro detuvo sus pasos y pensó: «No puedo irme ahora, esta es mi oportunidad de ser una leyenda». Entonces le dijo a su amigo:
-¡Kazim, nos vemos en la salida! ¡Yo voy a convertirme en leyenda!
-¡No te suicides!-Le advirtió Kazim
-¡No es eso! ¡Voy a matar al dragón!
-¿Cuál es la diferencia?- Exclamó Kazim algo desesperado.
-¡No hay tiempo para bromas! ¡Ve a un lugar seguro!-Le ordenó Alejandro y se marchó, dándose vuelta.
Kazim se quedó pensando unos segundos si obedecía a Alejandro y no sufría ni un rasguño o acompañarlo y morir, sorpresivamente terminó por decidir mantener la promesa que le hizo en Shacria y lo siguió. Tardaría unos minutos en volver a la cima de la estructura y para cuando llego quedó intensamente asombrado, su amigo no sé había lastimado en lo absoluto, de hecho se encontró con una imagen que nunca se hubiera podido dar el lujo de imaginar, Alejandro se encontraba encima de la criatura que acaba de conocer hace apenas unos minutos, tratando de domarla, pero antes de que Kazim pudiera decir algo, la bestia alada, con los restos de las cadenas aun en su cuerpo, empezaría a agitar sus alas, emprendiendo vuelo.
El joven de las vendas, al ver como el dragón se alejaba junto con su amigo, decidió abalanzarse sobre una pata y sujetarse bien fuerte de ella, y antes de que se diera cuenta, la bestia se encontraba sobrevolando la cueva,. Sin pensárselo dos veces, el shacrio empezó a apuñalar distintos puntos de la pata del monstruo, y por consecuencia un líquido gris empezó a salir de su extremidad, cosa que causaría que la bestia se comportara aún más agresivamente. Agitaba su cuerpo y empezó a darse golpes contra las paredes, con el fin de deshacerse de sus dos atacantes.
Aunque con dificultad, Alejandro y Kazim se mantuvieron en su posición, lo que desató un ataque de ira tan fuerte en la criatura, que se lanzó directamente hacia el techo rocoso del lugar, destrozándolo por completo y alzándose por encima del cielo nocturno para atravesar los bosques de Mavriam. La bestia volaba cada vez más rápido, los grandes árboles que se encontraban alrededor del monstruo eran velozmente cortados cuando se metían en su implacable camino. En un momento el shacrio no puedo sostenerse más y cayó, aunque esto no preocuparía del todo a su amigo, gracias a la poca distancia entre el dragón y el suelo.
 Finalmente el camino por el cual el dragón pasaba terminaría, dejando atrás un sendero que ahora parecía un yermo al lado de la vegetación ordinaria del reino. Delante de la criatura se podía ver algo más que otro bosque, era una aldea. El dragón, ahora dominado por su instinto voló en dirección a ella y logrando que sus habitantes corrieran despavoridos del lugar en dirección a los otros bosques con sus enormes, pero seguros árboles. Los guardias que se quedaron ahí, se dirigieron apuradamente a sacar sus arcos y flechas para intentar derribar a la criatura que hasta entonces era considerada un mito. El dragón no tardaría en responder a las primeras flechas que impactaron en su abdomen y aterrizo en el techo de una de las casas del pueblo y antes de producir cualquier reacción, empezó a liberar llamas en forma de aliento tratando de calcinar a los soldados que protegían aquella aldea y reduciendo una casa a cenizas en el proceso. El dragón dominaría la batalla por esos instantes, pero al prestarle poca atención a su propia espalda, Alejandro pudo acercarse al hombro derecho del monstruo, y con un movimiento preciso pudo con cortarle el ala unida a este, lo que desparramaría el líquido gris por toda la aldea y cayendo desplomados hombre y bestia al suelo. Los guardias, tal vez para apreciar a la mitológica criatura o para comprobar si estaba muerta, se acercaron lentamente, solo para ser aventados por los aires con un golpe de su ala restante. Pero Alejandro pudo recuperar sus fuerzas y se levantar, y se dirigió, empuñando su espada, hacia las fauces del dragón. Sin embargo la bestia se prepararía para comérselo y cuando el aventurero metió un pie dentro de la criatura, esta cerró la boca, sosteniéndolo, y arrojándolo hacia y esperó, con la boca abierta, que la gravedad haga su trabajo. Pero Alejandro, aún en el aire, sujetó firmemente su hoja, apuntando a la apertura que el monstruo había abierto, y descendió en su paladar, llegando hasta al cerebro.
Alejandro sacó su ahora manchada espada y, agitado por la experiencia volvió a posicionar los pies en la tierra. El en ese momento ascendente sol parecía destacar la escena a través de su luz, con el cuerpo de la derrotada criatura hundida en la oscuridad y el rostro del exitoso héroe siendo alumbrado por su cálido brillo.
-¡Bien hecho!- Lo felicitó un guardia.
-Gracias- Dijo Alejandro sin prestarle mucha atención, y se acercó al cuello del dragón lo analizó por unos momentos y procedió a cortarle la cabeza.
Lo que detuvo los gritos de alegría de los hombres, los cuales quedaron extrañados y empezaron a preguntarle el porqué de aquella inesperada acción, pero solo se limitó a contestar:
-Asuntos de honor- y siguió caminando, rumbo aquella cantina, en donde su aventura había comenzado.
No fue hasta que el último guardia se marchara al no recibir respuesta, que pudo llegar al lugar y justo en el momento que entró, el cantinero cambió su cara de aburrido por una de asombro al ver la cabeza del dragón,
-¿Y de cuánto hablamos? ¿Quinientos? ¿Mil?- Le preguntó Alejandro orgulloso de los frutos de su trabajo.
-Si te soy sincero, no creía que lo lograras, de hecho, ni siquiera creí que existiera algo allí, no tengo nada de dinero para ti.
-¡Eso no es problema! Solo pon mi nombre debajo de esta cabeza, en tu elegante pared, junto a los otros trofeos y llámame: “Alejandro Gladio, El cazador de bestias”.
-¿Así de fácil? Bueno.
El aventurero se fue victorioso, pero volvería para anunciar algo:
-Pensándolo bien, también quiero un barril de cerveza.
Aquellas palabras serían suficientes para que el cantinero volviera a cambiar su expresión, ahora a una cara de lamentación.
-Es lo justo- Supuso el cantinero dejando escapar un suspiro.
Unos momentos después, Alejandro se encontraba atravesando el umbral de la puerta con un enorme barril de alcohol en las manos y tan rápido como salió se encontró con su amigo, que había traído a los caballos pero con sus vestimentas maltratadas por la caída.
-¡Kazim! ¡Me encontraste!- Exclamó Alejandro con una gran alegría.
-No te hubiera encontrado, si no fuera porque sé que nunca olvidarías una apuesta.
-¡Ese es mi Kazi! ¡Nunca se olvida de mis vicios!
Los amigos se dieron un abrazo y se fueron sin rumbo aparente.
Unos días después, ambos se encontraban camino al norte, rodeando a un río y entablando una conversación:
-Muy buena idea la de volver a Ráfen- le comentó Kazim, con la tranquilidad que lo caracterizaba en los momentos felices - No puedo esperar volver a apreciar tocar la nieve o para deleitarme con su gastomía.
-Gastronomía. Le corrigió amablemente Alejandro.
-Eso, esta vez trataré de guardar unas cuantas reservas de panecillos rellenos.
-Recuerda que hay vidas en juego.
Kazim soltó una risa, aunque no había entendido del todo el chiste.
Alejandro miró al cielo por unos pocos segundos y se volvió a dirigir a su amigo:
-¿Alguna vez pensaste que tendrías que pelear contra unos muertos vivientes?
-Siempre pensé que correría al ver a tales criaturas.
-Me alegra que este no fuera el caso- Dijo Alejandro para, acto seguido, cambiar su tono a uno más en broma- ¡Menos mal que tus “espíritus” te acompañaron!
-¿Insinúas que no?- Le preguntó Kazim el cual no le había agradado el comentario de su amigo.
-Perdón, no insinuaba nada- Aclaró el cazador de bestias, un poco nervioso, pues ya se había olvidado de lo dogmático que era su amigo y decidió cambiar de tema rápidamente- Por cierto, no sabes lo incomodo que fue hablar con esos guardias.
-¿Los guardias? ¿Otra vez? ¿Por qué los odias tanto? No es la primera vez que me contaste que te desagradaban.
-Cuantas veces tengo que decírtelo, todo comenzó cuando viaje a las ruinas de la capital imperial, la tierra…
En ese momento, la historia fue interrumpida por el sonido de uno pasos, aunque ambos hombres se prepararon sosteniendo sus armas, esperando lo peor, tuvieron que bajarlas cuando vieron a la persona que había producido aquellos sonidos. Se trataba de un joven que llevaba una cartera como de mensajero, estaba vestido con un sayo maltratado y una calza. El chico se dirigió apuradamente hacia el hombre de la barba y le preguntó con un tono cansado.
-¿Usted es Alejandro Gladio?
-Eso depende- dijo Alejandro- ¿Qué quiere?
El chico revisó en su cartera y sacó un papiro enrollado, el cual se mantenía así gracias a un elegante listón rojo.
-Debo entregarte una carta, llevo horas buscándote.
Alejandro agradeció al muchacho y tomó el escrito, para luego abrirlo con emoción. Pero quedaría totalmente sorprendido al solo ver el membrete de la página, se trataba del nombre del Rey de Mavriam, Orisos V de Boncastelo, seguido por el sello de la familia real.

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